Testigo protegido reveló la operación corrupta de Asfura y dos empleados de confianza para malversar fondos municipales inflando los montos de ayudas sociales

Nota: Documento con la declaración íntegra al final del artículo.

El esquema de corrupción atribuido a Nasry Asfura partía de un mecanismo financiero central: fondos públicos del fideicomiso de la Alcaldía del Distrito Central, administrado en Banco Ficohsa, eran transferidos a cuentas personales del entonces alcalde y a cuentas de empresas vinculadas a él, desde donde posteriormente se realizaban cambios de cheques, pagos, retiros y la entrega irregular de ayudas sociales.

Sobre ese sistema se montó una estructura cotidiana de manejo de efectivo, descrita con detalle por un testigo protegido identificado con la clave “B”, quien rindió declaración bajo la modalidad de prueba anticipada.

Según su testimonio, las ayudas sociales fueron utilizadas de forma sistemática para justificar egresos inflados y encubrir el verdadero destino de los fondos públicos.

El testigo relató que su vínculo laboral inició luego de realizar trabajos en la casa de Nasry Asfura.

Posteriormente fue enviado a unas oficinas ubicadas en la zona de la Kennedy, donde fue atendido por Roger Ariel Amador Ramírez, asistente contable de COSEMSA, empresa de Asfura. Más adelante quedó bajo las órdenes de Wilmer Gerardo Rodríguez López, asistente de administración de la misma empresa.

En su declaración, el testigo explicó de manera directa cuáles eran sus funciones: “Wilmer me dijo lo que iba a hacer: hacer depósitos, hacer cambio de cheques y también hacer lo que es pagos de tarjetas y también entrega de ayudas”.

«A veces hacía pago de tarjetas de Doña Lizeth o a nombre de la hija de Don Nasry Asfura que se llama Monique… o a nombre de Don Tito, esas eran las tarjetas que se pagaban… después de que se hacían dichos pagos, los recibos se daban a Roger», confesó.

En el caso de las ayudas sociales, según relató, se entregaban por montos mínimos, pero se documentaban por cantidades mucho mayores.

El propio testigo explicó: “Se entregaba a la persona mil lempiras o mil quinientos lempiras y se ponía que se habían entregado diez mil lempiras… lo único que se cambiaba era la portada de la ayuda, la página principal y se falsificada la firma o huella”.

«Nos ponían a llenar los formularios en la computadora, a poner cantidades altas, poner cantidades de ayudas de veinticinco mil lempiras, de diez mil lempiras, y las cantidades nunca eran entregadas a las personas con el dinero exacto, sino que sólo se les entregaban mil quinientos a mil lempiras», agregó.

Según el testimonio, este procedimiento era recurrente y formaba parte del método normal de trabajo.

El testigo también describió cómo se manipulaban los documentos y los montos entregados.

En su declaración afirmó: “Ya una vez entregada la ayuda uno venía y finalizaba todo, cambiaba la portada de la constancia y ponía otros montos y otras firmas. A veces sólo se cambiaba la huella, usando ya sea los diez dedos de mi propia mano”.

Además, explicó que en muchos casos se utilizaban identidades de personas que nunca recibieron ayuda.

El testigo explicó que los montos se ajustaban para que las cifras finales coincidieran con cantidades previamente establecidas.

«Tenían que llegar a un monto, ya sea de un millón de lempiras, dos millones o tres, entonces había que justificarlo con las ayudas», declaró.

Un aspecto especialmente delicado del testimonio es la mención directa a periodistas como beneficiarios de estas ayudas.

El testigo declaró textualmente: “…a qué periodistas los determinaba Nasry Tito Asfura… el 90% de los periodistas eran de HCH…se les citaba el día sábado, ya sea por la tarde y se les entregaba la ayuda”.

Según explicó, las ayudas se justificaban bajo el argumento de que los periodistas “ocupaban dinero” o atravesaban dificultades económicas.

Todas las ayudas eran registradas en archivos electrónicos de Excel. Cuando los números no cuadraban, se modificaban montos hasta que los registros coincidieran con lo ordenado.

«…las ingresábamos según el monto y haciendo el cálculo, arrastrando a toda la sumatoria, nos cuadraba, ya sea en un millón doscientos mil o en un millón cerrado», afirmó.

«Poníamos las cantidades, si no cuadraban, pues las hacíamos que cuadraran poniendo los montos… eliminábamos una de las constancias con el monto de mil quinientos y se le ponía un monto más alto para que cuadrara”, detalló.

El testigo también afirmó que las instrucciones finales provenían de Nasry Asfura.

“…quien los archivaba y los registraba en la computadora era Wilmer… Nasry Asfura sólo daba las órdenes de entregar los montos y cuando ya miraba que habíamos cuadrado las cantidades que él nos pedía, él daba la orden de que se ingresaran al sistema… a Wilmer le daban las instrucciones vía teléfono, de la forma que había que cuadrarlo”, explicó.

Este testimonio forma parte de un caso que continúa judicialmente activo, pese a haber sido dilatado mediante recursos legales.

El Ministerio Público sostiene que el esquema de desvío, que iniciaba con la salida de fondos del fideicomiso hacia cuentas personales y empresariales, supera los 28.5 millones de lempiras en fondos públicos.

Lejos de constituir un programa social legítimo, las ayudas descritas en el expediente aparecen como un instrumento estructural para el desvío de recursos, utilizado para justificar egresos, beneficiar actores estratégicos y encubrir el verdadero recorrido del dinero público.